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CREMA CATALANA

Los días soleados y de temperaturas agradables me hacen pensar en el verano e inevitablemente me llevan a recordar los veranos anteriores y las experiencias vividas.
Buenos momentos nos ha dejado nuestra estancia en Tossa de Mar. Buena comida, buena gente y una crema catalana riquísima, haciendo incluso una comparativa entre las de Tossa y de Cadaques.


Esta última con más sabor a cítricos, por no decir limón,pero igualmente exquisita.
Así que la propongo para el segundo puesto de mis postres favoritos. Y dándole vueltas en la cocina he conseguido ese sabor que me enamoró el pasado verano.
Lo que si es cierto es que,aunque el sabor se parezca, el entorno y la situación son distintos, y como todos sabemos, depende donde, como y con quien, saben mejor las cosas.

Parece ser que en el siglo XVIII para la visita del obispo a un convento catalán, las monjas del mismo quisieron darle un recibimiento por todo lo alto haciendo un banquete, y como postre, flan.
 Parece ser, que los nervios o las prisas o todo a la vez, hicieron que a las pobres monjas se les quedase el flan un poco suelto. Así que,intentaron arreglarlo dándole algunos toques distintos y terminarlo quemando azúcar en su superficie.

Cuando el obispo se dispuso a probar este "flan", este estaba todavía muy caliente, por lo que se quemó y exclamo: "CREMA!!", que en catalán quiere decir "Quema".

Fuente: Wikipedia.

Cierto o no, la verdad es que esta variante del flan, bien sea aromatizado con limón, naranja o ambas cosas, o incluso anís como parece que ha hecho Ferrán Adriá en algún momento, es una delicia para los sentidos. Textura, aroma y sabor se unen para hacer de un postre sencillo un placer supremo.


Para hacerlo necesitamos:

1 litro de leche entera.

6 yemas de huevos grandes (huevos L)

100 gramos de azúcar para la crema

un poco mas de azúcar para quemar encima a la hora de servir.

40 gramos de maicena

la piel de media naranja

la piel de medio limón

dos ramitas de canela gorditas


Vamos:

Ponemos en un cazo el litro de leche entera. Añadimos la piel de naranja y la de limón junto a las ramas de canela. Dejamos a fuego medio-alto hasta que empiece a hervir.
Apartamos del fuego y tapamos y dejamos infusionar durante 30 min o 1 hora.




Pasado el tiempo de infusión ponemos en un cuenco grande las seis yemas de huevos y añadimos los 100 gramos de azúcar y mezclamos justo para que se integre el azúcar con el huevo. Añadimos seguidamente la maicena y mezclamos solo un poco. 

Echamos la leche en el cuenco colándolo con un colador de malla fina. Mezclamos un poco para unir los ingredientes, pero no mucho.

Echamos el contenido del cuenco en un cazo a fuego medio-bajo y removemos sin parar con una cuchara de madera. Al remover poco a poco vamos viendo como se va espesando la crema. 

Si vemos una especie de grumos quiere decir que se puede estar cuajando el huevo, por lo que podemos retirarlo del fuego un momento y remover contra los laterales del cazo para ir deshaciendo esos grumos. No no interesa un crema gruesa.

Una vez la crema esté espesa, pero lisa, repartimos en los cuencos en los que vamos a servir.

Los dejamos enfriar a temperatura ambiente y después, poniéndole un film, los metemos en la nevera hasta el momento de servir.

Para servir, repartimos sobre la crema un poco de azúcar (que quede blanco) y con un soplete lo quemamos. Donde hay mas azúcar quedará mas oscuro.


Para comer, con el reverso de la cuchara le damos unos golpecitos al azúcar quemado para que se rompa en trocitos pequeños y poder disfrutar de este postre en todo su esplendor.

Que aproveche mis comilones.