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LA CASUALIDAD EN MIS CARNES







Háblame de la casualidad, de las cosas que surgen, de los encuentros provocados intentando ser sorpresa para unos y resultando ser sorprendidos los otros. De esos días en los que la casualidad sopla con fuerza y sus vientos dan lugar a charlas de esas que, aunque no arreglan el mundo, unen almas. Háblame de esos momentos en esa mesa de piedra, que ya estaba ahí escuchando charlas trascendentales, antes de que tú y yo supiésemos que algún día nos encontraríamos.



Háblame de ti, de tus inquietudes, del por qué de muchas cosas y del por qué no de tantas otras. Pero hay una, amigo mío,  que eclipsa al resto. Estos momentos, estas palabras, no son más que la confirmación de la amistad o colegueo, si prefieres. Es cierto, en esa mesa de piedra solo se sientan buenas personas y has insistido en que me siente en ella contigo.



Y nos sentamos en la mesa de piedra de la Taberna A de Lino después de haber probado las nuevas adquisiciones en cortes de carne de Rubia gallega suministrada por Discarlux.
Una carne excepcional, el corte de casi un kilo. Un sabor que pocas veces he sentido.






Un acierto total por parte de Lino y su equipo, un paso adelante en la configuración de una oferta de calidad que sumado al enclave paisajístico, empieza a  hacer de A de Lino un lugar de culto gastronómico. Poco a poco, eso si, no nos vayamos a tropezar.


Un lugar del que ya os he hablado hace algún  tiempo (enlace aquí) y persiste mi recomendación. Esta vez con más ímpetu, si cabe.



Sed carnívoros mis comilones.